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domingo, 26 de marzo de 2017

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EL COMIENZO DE LA LUCHA OBRERA



LA CLASE OBRERA

 La industrialización  se diversificó debido al aumento de tipos de empleo, en especial en las ciudades, donde los oficios se incrementaron y coexistieron con antiguas actividades artesanales. Aunque, las condiciones de vida para la mayoría de los obreros siguieron siendo difíciles semejante de las posibilidades laborales, se incrementaron la falta de higiene y el hacinamiento, y se integraron al trabajo más mujeres y niños.

LOS PRIMEROS SINDICATOS
Los trabajadores no tardaron en desarrollar una organización propia, con el objetivo de sumar esfuerzos para enfrentar del mejor modo posible los cambios vertiginosos que se estaban produciendo.

  • En Gran Bretaña, en 1875, los sindicatos o trade unions llegaron al millón de afiliados. Incrementaron el derecho al voto. Los sindicatos lograron el reconocimiento legal, la legislación del derecho de huelga y la regulación de las relaciones entre patrones y obreros.

  • En Francia, la organización obrera estaba más apartada, debido a la dispersión espacial de la industria. Los sectores con más actividad sindical eran el metalúrgico y el minero. En 1864, lograron legalizar las asociaciones obreras. En Francia existía un campesinado numeroso, que era, por lo general, propietario de sus tierras, y, por lo tanto, tenía una actitud más conservadora y no tan proclive a las movilizaciones.

  • En Alemania, en la década de 1860, se formaron dos importantes partidos obreros: la Asociación General de los Trabajadores Alemanes, primer partido socialista, y el Partido Obrero Socialdemócrata. Éstos se unieron en 1875 con el nombre de Partido Social Demócrata Alemán, que participó activamente de la vida política nacional. Alemania fue el primer país que incorporó el sistema de previsión social gestionado por el Estado. También se introdujeron seguros para cubrir riesgos de accidentes, invalidez y vejez. 
  



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El movimiento obrero: origen, ludismo, sindicatos y cartismo


Orígenes del movimiento obrero

La conflictividad social no nació con la Revolución Industrial. En el Antiguo Régimen era frecuente que estallaran motines provocados por la carestía de los alimentos y la presión fiscal que soportaban los grupos populares del Tercer Estado. Esas revueltas terminaban siempre con una dura represión, aunque el poder procuraba compensarla con algunas concesiones. Pero la industrialización trajo, además de la creación de una nueva clase –los obreros-, nuevas formas de acción y conflicto social.
Las contrataciones y relaciones laborales se debían establecer de forma individual entre el patrono y el trabajador, según las leyes del mercado de la oferta y la demanda de trabajo. La concentración de un elevado número de trabajadores en las fábricas y en los barrios obreros facilitó la movilización del proletariado y la creación de organizaciones para defender sus derechos.

Los obreros comenzaron por destruir máquinas al considerar que eran las causantes del desempleo pero, muy pronto la conflictividad social se encaminó hacia la lucha por el reconocimiento del derecho de asociación, es decir, del derecho a poder crear organizaciones estables o sindicatos para defender sus derechos. La lucha se orientó, posteriormente, hacia la mejora de las condiciones laborales: reducción de jornada de trabajo y aumento de los salarios. Además, los trabajadores comprendieron que se podían alcanzar sus reivindicaciones si conseguían el reconocimiento de sus derechos políticos: votar y ser votados y, de ese modo, poder influir en la legislación y el gobierno.


Ludismo


La aplicación de los nuevos inventos de las máquinas textiles provocó un claro empeoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores: bajada de salarios y aumento del paro. Estas destrucciones fueron duramente reprimidas por el gobierno con penas de muerte para los autores. Acciones parecidas se dieron en otros países europeos, incluyendo España.
Sindicalismo

Las asociaciones de trabajadores se formaron muy pronto; de hecho, algunas fueron transformaciones de los viejos gremios a la nueva situación industrial, pero todas las organizaciones estaban prohibidas, pues se consideraba que iban contra la libertad de empresa y de contrato. En Inglaterra se dieron las Combination Acts de 1799 y 1800, que prohibían explícitamente las organizaciones de trabajadores. En Francia se aprobó la famosa Ley Le Chapelier, por el nombre de su autor, en 1789, y que establecía el fin de los gremios y la libertad de poder ejercer cualquier trabajo u oficio y la libertad de empresa. También prohibía que se creasen organizaciones o asociaciones de empresarios, artesanos u obreros.
Así pues, el derecho de asociación y reunión fue una de las primeras reivindicaciones de los trabajadores, especialmente, de los británicos. En 1824 se consiguió que se reconociera este derecho en Gran Bretaña. Al calor de esta ley se formaron las primeras asociaciones de trabajadores.
Las primeras organizaciones fueron las Sociedades de Socorro Mutuos, que tenían como objetivo el auxilio de sus asociados ante los riesgos físicos de enfermedad, accidente o muerte con fondos que provenían de aportaciones de los asociados. A menudo, contaban, también con cajas de resistencia para mantener a sus miembros en las épocas de huelga.
En el resto de Europa y Estados Unidos, el proceso de creación de sindicatos fue posterior. Los sindicatos nacionales aparecen en la segunda mitad del siglo XIX: en Alemania estaría la Asociación General de Trabajadores Alemanes de 1863, en Estados Unidos se crea en 1886 la AFL (American Federation of Labour), y en 1895 nace la CGT (Confédération Générale du Travail) francesa.

A finales del siglo XIX, la fuerza del sindicalismo es evidente, como lo demuestran su lucha por la jornada de ocho horas y la celebración reivindicativa en grandes manifestaciones del Primero de Mayo.

Cartismo

Es un movimiento de masas, cuyo auge se produjo entre 1838 y 1848, y que proponía conseguir los derechos políticos para los trabajadores. En el año 1838, la Asociación de Trabajadores de Londres, dirigida por William Lovett, elaboró la Carta del Pueblo, en la que se reclamaba el sufragio para todos los varones mayores de veintiún años, el voto secreto, elecciones parlamentarias anuales, la abolición de los requisitos de propiedad para ser miembro del Parlamento, la asignación de un sueldo a los parlamentarios y distritos electorales equitativos.
El cartismo movilizó a la mayoría de los trabajadores y de las clases populares con un objetivo político claro: la democratización del estado. La primera petición al Parlamento que se hizo por el movimiento, se presentó en 1839, respaldada por más de un millón de firmas. El Parlamento británico rechazó por tres veces las peticiones y el gobierno reprimió con dureza las huelgas e intentos de insurrección de los sectores más radicales del cartismo.
El movimiento terminó por debilitarse sin conseguir sus objetivos, pero, a largo plazo puede considerarse un éxito, ya que provocó que el estado británico emprendiera un largo proceso de reformas laborales, como la promulgación de una ley de asociación más favorable y aplicación de una legislación limitadora de la jornada laboral femenina e infantil, así como cambios políticos, ya que a lo largo del siglo XIX el derecho al sufragio se fue ampliando a través reformas electorales periódicas.

Pero la importancia del cartismo reside, especialmente, en que anticipó las grandes luchas políticas y sociales de los obreros en las últimas décadas del siglo XIX, cuando se promuevan y funden partidos políticos socialistas. Además, el cartismo demostró la capacidad de organización de los obreros en torno a objetivos comunes: la mejora de sus condiciones a través de la lucha política.

Por Eduardo Montagut Contreras. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea. @Montagut5